Es el lado alegre de una isla con dos caras. Al este del territorio de La Española, la República Dominicana solamente piensa en divertirse, con sus largas playas blancas, sus bailarines de merengue y sus constantes sonrisas. Este país se ha abierto al exterior desde que el turismo protege esta perla del Caribe, tan distinta de haití, el país vecino, pobre, destrozado por años de guerra. Los dominicanos borran la imagen del país vecino, con su alegría de vivir y el tranquilo ritmo de sus vidas. Deja que la naturaleza se ocupe de lo demás. El paraíso está muy cerca.
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