El merengue de calle, gústele a quien le guste, es una realidad. Y está ahí. Puede ser todo lo imbailable que uno quiera, pero existe.
Su ritmo nervioso y frenético es resultado, seguramente, del ritmo de la vida actual, muy diferente al de los años 80; pero también del estrés y de las sustancias prohibidas que proliferan no solamente en los barrios.
El discurso cerrero, díscolo, agresivo y pendenciero, es la crónica que, desde adentro, hacen los voceros de esos estratos sociales que sobreviven en una pobreza creciente, sitiados por la maldición de las drogas.
El ritmo existe porque sencillamente, las nuevas generaciones no ven reflejadas sus realidades en el discurso rítmico ni lírico del merengue clásico, que en esencia sigue siendo el mismo de los 80 y los 90.
Es cierto que a los merengues de calle les falta melodía; es verdad que necesitan mejores arreglos; es real que ninguno sabe un carajo de música… pero la música les conoce a ellos, es decir, el hada madrina de los talentos les ha dejado caer algo cuando pasa a vuelo rasante sobre los callejones. Y las cosas han ido cambiando.
Como la gente ha confundido, con mucho interés por cierto, droga y narco con mambo, deducen que si uno defiende el merengue urbano es porque le pagan o algo hay detrás de eso. Gracias a Dios, nada que ver conmigo. SIGA miércoles, octubre 28
EN DEFENZA DEL MERENGUE DE CALLE
El merengue de calle, gústele a quien le guste, es una realidad. Y está ahí. Puede ser todo lo imbailable que uno quiera, pero existe.
Su ritmo nervioso y frenético es resultado, seguramente, del ritmo de la vida actual, muy diferente al de los años 80; pero también del estrés y de las sustancias prohibidas que proliferan no solamente en los barrios.
El discurso cerrero, díscolo, agresivo y pendenciero, es la crónica que, desde adentro, hacen los voceros de esos estratos sociales que sobreviven en una pobreza creciente, sitiados por la maldición de las drogas.
El ritmo existe porque sencillamente, las nuevas generaciones no ven reflejadas sus realidades en el discurso rítmico ni lírico del merengue clásico, que en esencia sigue siendo el mismo de los 80 y los 90.
Es cierto que a los merengues de calle les falta melodía; es verdad que necesitan mejores arreglos; es real que ninguno sabe un carajo de música… pero la música les conoce a ellos, es decir, el hada madrina de los talentos les ha dejado caer algo cuando pasa a vuelo rasante sobre los callejones. Y las cosas han ido cambiando.
Como la gente ha confundido, con mucho interés por cierto, droga y narco con mambo, deducen que si uno defiende el merengue urbano es porque le pagan o algo hay detrás de eso. Gracias a Dios, nada que ver conmigo. SIGA
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