Desde que tengo uso de razón he
sido un amante del beisbol.
Lo practiqué y jugué en todas las
categorías, desde infantil hasta amateur. Desde niño mi padre acostumbró
a llevarnos al estadio, a mis hermanos y a mí, siempre temprano;
aprovechábamos el momento de las prácticas de los peloteros para
tirarnos fotos con ellos y disfrutar de cerca lo que suponía para
nosotros, el estar tan cerca de figuras como Charlie Sands, Ken Tekulve,
Jim Garver, Chilote Llenas, David Concepción y muchos otros.
Esos
fueron buenos tiempos y los atesoro en mi corazón como una parte
importante en mi vida y que marcó mucho mi amor por beisbol y al estar
dentro y fuera de un terreno de juego.
He
querido hacer esa pequeña introducción para reseñar algo que me ha
calado, quizás porque veo esta figura estelar del beisbol dominicano y
de las Grandes Ligas; me refiero a quien fuera el ídolo mayor de muchos y
muchas, que tan sólo iban a un estadio, no importando cual fuere, a
verlo jugar; expresarse, como lo citaremos más abajo, amargamente sobre
el proceso penal que lleva en contra de los que están acusados de haber
asesinado a su madre. El entender su encono y su rabia, por la forma en
que ha tenido, como víctima, que atravesar tantas molestias y
desencantos, entre envíos y envíos de las audiencias, provocados por
los propios imputados.